"Y desde Egipto nos están recordando también a nosotros, que nos queda mucho para que nuestra democracia sea de verdad una democracia de calidad.(…) Ciudadanos hartos del paro y de la crisis económica, de la crisis de valores y de la crisis social, de la crisis política y de la crisis institucional. ¿Habéis visto Egipto? El pueblo, cuando quiere, puede. Y el pueblo español quiere". (Esteban Gonzalez Pons, vicesecretario de Comunicación del PP, en la proclamación en Alzira, Valencia. Febrero 2011)
Han leído bien. Gonzalez Pons, miembro del partido de Esperanza Aguirre, la misma que pocos meses después calificara a los integrantes del movimiento del 15M de camorristas, pendencieros y golpistas. Dudo mucho que Esperanza Aguirre se refiriera también a su compañero de partido como golpista, muy a pesar de la incendiaria naturaleza de la proclama del vicesecretario de comunicación del partido.
Un concepto y su reverso más inmediato en un mismo escenario.
En el mismo escenario podríamos encontrar, además, al PSOE. El partido socialista, cuyos representantes levantaban el puño en alto en Rodiezmo, no se cortaba un pelo a la hora de aplicar políticas económicas de corte neoliberal, como la bajada de impuestos a las rentas más altas, la desregularización de los mercados, (incluido el financiero), o la congelación del gasto público. Para el otrora ministro de economía del partido socialista, Pedro Solbes, uno de los mayores logros al final de su mandato había sido el no aumento del gasto público. Y eso a pesar de que España es el país de la UE que menos invierte en el sector público, un 9% frente a la media de la UE, que es del 15%. Ciertamente estamos ante otro buen ejemplo del funcionamiento de lo que podríamos llamar simulacro en política. Mientras Leire Pajín y Bibiana Aído, entre otros, rinden homenaje a la Internacional, su ministro de economía se felicita a sí mismo por su antisocial gestión económica.
Lo que en las redes se viene denominando neolengua es, además, la suplantación de la realidad, algo mucho más peligroso. Baudrillard lo explica en Cultura y simulacro: "No se trata ya de imitación ni de reiteración, incluso ni de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real, es decir, de una operación de disuasión de todo proceso real por su doble operativo".
Artículo publicado en CatalunyaPress 10/2/2012
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sábado, 14 de enero de 2012
viernes, 18 de noviembre de 2011
Atónito
Atónito. Sí, sí, atónito. Apenas puedo asimilar lo que está pasando a
nuestro alrededor. O tal vez se trata de que me veo desbordado por los
acontecimientos y no puedo aceptar la realidad. Y ya de paso descubro
que me aferro más que nunca a los restos de lo que algunos siguen
llamando democracia. Yo, que nunca he sido un votante disciplinado,
aburrido siempre con el absurdo teatro de estos últimos años.
Esta semana pasada han pasado tantas cosas y tan funestas, que lejos parece quedar ya aquella desafortunada frase de Duran i Lleida. Uno de los políticos mejor valorados de este país manifestaba públicamente y sin ningún tipo de tapujos la rendición de la política al engaño como sistema de trabajo, al electoralismo como mero trámite para aspirar al poder. Pero más que hablar sobre ella, es mejor recordarla: “Si explicase cuáles son mis ideas, perdería las elecciones” (sic).
A lo largo de este año se han ido dando múltiples signos, cada vez más evidentes, del empobrecimiento del sistema democrático, de la acelerada merma de derechos fundamentales. Políticos, agentes del mercado, periodistas y mass media han devenido una imbatible fuente de distorsión, de alteración del orden público. En Grecia, la pésima gestión, el engaño asesorado por Goldman Sachs (que le abrió las puertas a la Unión Europea), el estrangulamiento a posteriori por parte del FMI, del BCE, de Merkel y su panda, ha conducido al país al borde del cataclismo. En la cuna de la democracia, los suicidios se han incrementado, este año, en un 40 por ciento. Estamos ante una nueva forma de guerra.
“La salud depende de uno mismo, no del Estado” (sic). Además de sufrir dicha guerra, el ciudadano debe aceptar, sin cuestionarse nada, el irremediable proceso de anulación del estado. Esa frase ha sido pronunciada por Boi-Ruiz, conseller de Salud de la Generalitat de Catalunya, para defender los recortes de sanidad que su gobierno está perpetrando contra la población civil. Recortes que, a estas alturas, son delito y están poniendo en riesgo la vida de la gente. Milton Friedman estaría muy orgulloso de la clase política actual. El estado sólo se debe a los mercados. Golpe de estado en Grecia, próxima parada: Berlusconi. Los gobiernos son piezas intercambiables en el gran mecano que ha devenido nuestro mundo. Ya sea por medio del engaño y la manipulación o a través de determinadas artimañas legales, o no, pero siempre ilegítimas, hacen y deshacen a su antojo. No se salva ni la constitución. Por mucho que López Garrido (PSOE) dijera, sin duda en un despistado arrebato, que sólo una reforma de la constitución pueda ser motivo de referéndum. Es verdad, por eso convocaron un referéndum hace apenas dos meses.
No podemos más que votar cada cuatro años. Y para muchos iluminados, lo mejor que podemos hacer es permanecer en silencio y aguantar el chaparrón. Pase lo que pase. Cuatro años de chaparrón. Pretender que la ciudadanía se implique más en el funcionamiento democrático del país, dicen muchos políticos y agentes instalados en tertulias, es digno de golpistas, de una masa populista e ignorante.
Pobre del pueblo que pretenda convocar un referendum para decidir sobre su propio futuro, por necesaria que sea la consulta. No han sido pocos los intelectuales que a lo largo de la última semana se han destapado como lo que son en realidad, déspotas ilustrados. El pueblo no puede votar en referéndum si quiere pedir el rescate porque es un tema demasiado complejo y sólo un técnico podría valorar esta cuestión. No hubo ningún problema, sin embargo, con el referéndum del euro. ¿Deberíamos entender, entonces, que la adopción de una moneda única para un conjunto de países es un tema mucho menos complejo que el rescate financiero de un país? No debería sorprendernos que, además de insultarnos, los de allá arriba nos tomen por idiotas.
Ha rodado la cabeza de Papandreu. La siguiente podría ser la de Berlusconi. Zapatero dice que el 20-N la socialdemocracia se juega su futuro. La socialdemocracia no se juega nada el 20-N. La socialdemocracia fue vendida tiempo ha. Lo único que se decide este 20-N es con qué papel de regalo se la acabamos de entregar al mercado. En rojo o en azul. O tal vez sea el populacho, seamos todos los demás, todos los que estamos abajo, los que podamos empezar a dar un giro a la situación. El constante crecimiento del 15-M, a lo largo y a lo ancho del planeta, así lo indica. Y tal vez no sea este 20-N, pero nosotros ya no vamos a parar. Y cuanto más nos recorten los de arriba, cuanto más se relajen en su posmoderna versión de sátrapas, más gente despertará. Es inevitable. Está pasando.
Empieza ahora el debate a dos bandas entre Rajoy y Rubalcaba. Tengo la absoluta certeza de que, más que un debate, se tratará de un monólogo bicéfalo. Por una parte, Rubalcaba ha perdido 8 años para demostrarnos que hay que luchar por lo que se quiere. Por la otra, Rajoy nos ha vendido un cambio fantasma con el mínimo esfuerzo. Tan mínimo como inexistente. Ambos tienen proyectos políticos y económicos funestos para la mayoría. No pueden seguir pidiendo nuestra confianza. No es lícito. Ninguno de los dos candidatos tiene la categoría, la talla, para remontar ninguna situación.
Mejor sigo escribiendo. O me pongo a trabajar en el inevitable cambio. Un cambio que ellos mismos, sin darse cuenta, están propiciando y acelerando. Porque el futuro nos pertenece.
Artículo publicado en CatalunyaPress 21/10/2011
Informació Real Ja 11/2011
Esta semana pasada han pasado tantas cosas y tan funestas, que lejos parece quedar ya aquella desafortunada frase de Duran i Lleida. Uno de los políticos mejor valorados de este país manifestaba públicamente y sin ningún tipo de tapujos la rendición de la política al engaño como sistema de trabajo, al electoralismo como mero trámite para aspirar al poder. Pero más que hablar sobre ella, es mejor recordarla: “Si explicase cuáles son mis ideas, perdería las elecciones” (sic).
A lo largo de este año se han ido dando múltiples signos, cada vez más evidentes, del empobrecimiento del sistema democrático, de la acelerada merma de derechos fundamentales. Políticos, agentes del mercado, periodistas y mass media han devenido una imbatible fuente de distorsión, de alteración del orden público. En Grecia, la pésima gestión, el engaño asesorado por Goldman Sachs (que le abrió las puertas a la Unión Europea), el estrangulamiento a posteriori por parte del FMI, del BCE, de Merkel y su panda, ha conducido al país al borde del cataclismo. En la cuna de la democracia, los suicidios se han incrementado, este año, en un 40 por ciento. Estamos ante una nueva forma de guerra.
“La salud depende de uno mismo, no del Estado” (sic). Además de sufrir dicha guerra, el ciudadano debe aceptar, sin cuestionarse nada, el irremediable proceso de anulación del estado. Esa frase ha sido pronunciada por Boi-Ruiz, conseller de Salud de la Generalitat de Catalunya, para defender los recortes de sanidad que su gobierno está perpetrando contra la población civil. Recortes que, a estas alturas, son delito y están poniendo en riesgo la vida de la gente. Milton Friedman estaría muy orgulloso de la clase política actual. El estado sólo se debe a los mercados. Golpe de estado en Grecia, próxima parada: Berlusconi. Los gobiernos son piezas intercambiables en el gran mecano que ha devenido nuestro mundo. Ya sea por medio del engaño y la manipulación o a través de determinadas artimañas legales, o no, pero siempre ilegítimas, hacen y deshacen a su antojo. No se salva ni la constitución. Por mucho que López Garrido (PSOE) dijera, sin duda en un despistado arrebato, que sólo una reforma de la constitución pueda ser motivo de referéndum. Es verdad, por eso convocaron un referéndum hace apenas dos meses.
No podemos más que votar cada cuatro años. Y para muchos iluminados, lo mejor que podemos hacer es permanecer en silencio y aguantar el chaparrón. Pase lo que pase. Cuatro años de chaparrón. Pretender que la ciudadanía se implique más en el funcionamiento democrático del país, dicen muchos políticos y agentes instalados en tertulias, es digno de golpistas, de una masa populista e ignorante.
Pobre del pueblo que pretenda convocar un referendum para decidir sobre su propio futuro, por necesaria que sea la consulta. No han sido pocos los intelectuales que a lo largo de la última semana se han destapado como lo que son en realidad, déspotas ilustrados. El pueblo no puede votar en referéndum si quiere pedir el rescate porque es un tema demasiado complejo y sólo un técnico podría valorar esta cuestión. No hubo ningún problema, sin embargo, con el referéndum del euro. ¿Deberíamos entender, entonces, que la adopción de una moneda única para un conjunto de países es un tema mucho menos complejo que el rescate financiero de un país? No debería sorprendernos que, además de insultarnos, los de allá arriba nos tomen por idiotas.
Ha rodado la cabeza de Papandreu. La siguiente podría ser la de Berlusconi. Zapatero dice que el 20-N la socialdemocracia se juega su futuro. La socialdemocracia no se juega nada el 20-N. La socialdemocracia fue vendida tiempo ha. Lo único que se decide este 20-N es con qué papel de regalo se la acabamos de entregar al mercado. En rojo o en azul. O tal vez sea el populacho, seamos todos los demás, todos los que estamos abajo, los que podamos empezar a dar un giro a la situación. El constante crecimiento del 15-M, a lo largo y a lo ancho del planeta, así lo indica. Y tal vez no sea este 20-N, pero nosotros ya no vamos a parar. Y cuanto más nos recorten los de arriba, cuanto más se relajen en su posmoderna versión de sátrapas, más gente despertará. Es inevitable. Está pasando.
Empieza ahora el debate a dos bandas entre Rajoy y Rubalcaba. Tengo la absoluta certeza de que, más que un debate, se tratará de un monólogo bicéfalo. Por una parte, Rubalcaba ha perdido 8 años para demostrarnos que hay que luchar por lo que se quiere. Por la otra, Rajoy nos ha vendido un cambio fantasma con el mínimo esfuerzo. Tan mínimo como inexistente. Ambos tienen proyectos políticos y económicos funestos para la mayoría. No pueden seguir pidiendo nuestra confianza. No es lícito. Ninguno de los dos candidatos tiene la categoría, la talla, para remontar ninguna situación.
Mejor sigo escribiendo. O me pongo a trabajar en el inevitable cambio. Un cambio que ellos mismos, sin darse cuenta, están propiciando y acelerando. Porque el futuro nos pertenece.
Artículo publicado en CatalunyaPress 21/10/2011
Informació Real Ja 11/2011
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